8 de marzo de 1911: el pasado que construyó el presente 

Fue en 1911 cuando se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con una reivindicación a favor del derecho al voto, el derecho al trabajo y la no discriminación laboral. La elección del 8 de marzo tuvo su origen en los hechos sucedidos en la misma fecha del año 1908. 146 mujeres, trabajadoras de la fábrica textil Cotton, de Nueva York, murieron calcinadas en un incendio provocado por las bombas incendiarias que les lanzaron como respuesta ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. 

Con aquel primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora se inicia una tradición de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Nuestra admiración, por tanto, hacia las mujeres que han luchado por defender su dignidad de mujeres y de trabajadoras, y que han conseguido la conquista de fundamentales derechos sociales, económicos y políticos.

Mary Ward: “En el futuro las mujeres harán grandes cosas”

Durante esta semana todo el alumnado ha participado en la celebración del Día Internacional de la Mujer, aportando una foto de una mujer importante de su vida, algunas han sido mujeres de su familia, a las que admiran y otras fotos son de modelos de mujeres luchadoras que han conseguido logros o metas importantes.

Nuestro cole ha acabado inundado de imágenes de mujeres cercanas o lejanas, famosas o anónimas, pero que tienen un gran sentido para nuestro alumnado.

Después hemos leído en el patio del colegio la comunicación oficial del IBVM para la celebración de este día:

El próximo 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, una jornada para celebrar los avances conseguidos pero también para hacernos conscientes y reivindicar que nos queda mucho por hacer para lograr una igualdad real, que se plasme en todas las estructuras de la vida, social, económica, laboral, familiar y religiosa.

Mary Ward entendía que no había “tal diferencia entre hombre y mujer”, se sintió llamada a una vida religiosa femenina igual que los jesuitas y solicitó al Papa la aprobación de un Instituto con las mismas Constituciones que la Compañía de Jesús, pero no fue posible entonces.

Seguimos así los pasos de nuestra fundadora que no siempre fue entendida, pero que, desde su profunda fe, su absoluta confianza en Dios y su fidelidad a la Iglesia, se atrevió a cuestionar la situación del momento y contribuyó así a lograr un futuro más igualitario.

Los datos oficiales nos recuerdan que las mujeres siguen teniendo más dificultades para incorporarse al mercado laboral; son las principales encargadas de los trabajos invisibles y no remunerados como los cuidados y la vida familiar y son mayoritariamente las víctimas de trata de personas para la explotación sexual y laboral. Vivimos tiempos de feminización de la pobreza y recrudecimiento de las condiciones de vida de las mujeres migrantes, con discapacidad, mayores o sin estudios.

En estos días se llevarán a cabo distintas iniciativas para recordarnos que hay cosas que cambiar y que todavía queda mucho por hacer. Es una llamada a que cada persona, desde su libertad, sus vivencias, sus creencias y su modo de pensar contribuya a que no haya “tal diferencia entre hombres y mujeres”.